Las alarmas de la emergencia climática en México están encendidas.

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Desplazamiento Climático: la migración que no vemos

Por Saúl Sánchez Lemus y Alberto Pradilla
Análisis de datos Isaac Arroyo


México es un país cada vez más inhabitable. Los expertos llevan años advirtiendo de un futuro con eventos climáticos cada vez más extremos.

El cambio climático está causado por la acción de las personas. Y sus consecuencias les afectan directamente. Un incremento de la temperatura, la sequía o el aumento desmedido de precipitaciones impacta en su modo de vida.

La crisis climática ha provocado el surgimiento de un nuevo modo de desplazamiento: el desplazamiento climático. Un éxodo silencioso del que no queda registro porque ni siquiera está oficialmente contabilizado.

La Ley General de Cambio Climático reconoce, desde 2016, la existencia de estas migraciones. Además, México admitió en 2019 que en su territorio existen miles de personas que son desplazadas forzadas, aunque la mayoría de estadísticas elaboradas por ONG´s hacen referencia a víctimas de la violencia. La Ley General de Desplazamiento Forzado Interno está paralizada desde 2020 y no está previsto que se apruebe durante este sexenio. Ahí también se incluye un apartado donde se refiere a la migración provocada por desastres naturales. 

Según un estudio del Banco Mundial, para 2050 podrían haber más de 3 millones de mexicanos fuera de su hogar debido al cambio climático, es decir, desplazados climáticos. Pero eso son solo estimaciones. No hay cifras oficiales. 

Un informe del Centro de Monitoreo del Desplazamiento Interno (IDMC, por sus siglas en inglés, una ONG con sede en Oslo) señalaba que al cierre de 2022 hubo 3 mil 600 personas que se convirtieron en desplazadas por eventos climáticos en México. Pero su metodología es limitada, ya que se basa en reportes de prensa y de protección civil recopilados por otras asociaciones en México. 

N+Focus preguntó a dependencias federales, estatales y locales y en todas ellas encontró la misma respuesta: no hay información sobre el fenómeno de la migración causada por el cambio climático. No hay censos, no hay programas, no existen. 

El problema es que los desplazados climáticos y sus familias están invisibilizados por las autoridades municipales, estatales y federales a falta de un reconocimiento jurídico, afirma Armelle Gouritin, investigadora comisionada a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, y autora del libro “Migrantes Climáticos en México”.

“Ninguna autoridad tiene facultades realmente otorgadas”, explica. “Cuando las ONGs o los académicos señalamos que se necesita una ley, que se necesita reconocer este fenómeno, no es algo abstracto, sino que se trata de dramas que están viviendo personas en carne propia”.

Úrsula Oswald, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM afirma que “lo que se discute muy pocas veces son las sequías que yo llamo los asesinos silenciosos”.

Oswald estima que con la crisis ambiental crecerá el número de migrantes climáticos “va a aumentar muchísimo y por lo tanto yo creo que es necesario que nuestro gobierno invierta mucho más en este momento en adaptación y en resiliencia, o sea, significa la capacidad que tiene la gente afectado sea por sequía, sea por lluvias, inundaciones, huracanes que tengan la posibilidad de recuperarse”.

María Amparo Martínez, investigadora en el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM y ex directora del Instituto Nacional de Cambio Climático es más escéptica y aclara que la migración es multifactorial. Afirma que “los migrantes climáticos no están reconocidos a veces ni siquiera por los propios estudiosos de estos temas”. Y considera que “el cambio climático puede ser un multiplicador de la migración, no la causa única en general, pero va a ser un multiplicador”.

N+Focus trató de hablar con la secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) y con el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), pero no recibió respuesta. 

La falta de datos oficiales es una consecuencia de la ausencia de reconocimiento. Y obliga a manejar informaciones que dejan fuera a muchos de los afectados.

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“Se nos acabó el agua”Metztitlán, Hidalgo

Con cada paso que da Agustina Gutiérrez, una pescadora de 68 años de edad, se escucha el crujir de la tierra seca. El calor es abrasador y el paisaje está desolado,  con lanchas abandonadas, cientos de peces muertos.

Esto era una laguna y ahora es un desierto.

Es la segunda vez que se seca completamente en los últimos tres años.

La mujer comenzó a pescar aquí hace medio siglo. Presume que les enseñó a pescar a cuatro de sus nueve hijos, dos de los cuales decidieron emigrar en 2020, cuando la laguna se secó por primera ocasión.

“Pues tuvieron la necesidad de emigrar para Estados Unidos. Desde que se secó la laguna se fueron, ellos también son pescadores y también se mantenían de aquí” señala.

Metztitlán es ejemplo de cómo el cambio climático golpea México. Según el análisis de datos de N+Focus, en los últimos cinco años (de 2018 a 2022) el municipio tuvo un 20% menos de lluvia que en su promedio histórico. 

Además, su temperatura máxima estuvo 1.4 grados por encima del promedio histórico y su mínima, más de 1.1 grados por encima. 

Su peor año fue 2019, con un 49% menos de lluvias y casi dos grados por encima de su temperatura máxima y mínima. 

Por último, de acuerdo al Índice de Severidad de Sequía de Palmer (PDSI, por sus siglas en inglés), uno de los indicadores de sequía más populares del mundo, de los últimos 5 años, en 4 de ellos, el promedio anual en el municipio ha estado bajo -2.5. Los valores positivos indican condiciones húmedas en la región y los  negativos, condiciones de sequía. Normalmente se toma +4 como un estado muy húmedo mientras que -4 muy seco.

La consecuencia directa de una sequía tan severa es obvia: la laguna se quedó sin agua. Y esto provocó que los pescadores se quedaran sin trabajo, por lo que no les quedó otra opción que migrar. 

Es el caso de Jesús Escamilla Gutiérrez, de 25 años e hijo de Agustina, quien trabaja en la cocina de un restaurante japonés en San José, California, a más de 2 mil 500 kilómetros de distancia de su municipio de origen.

Fue pescador, pero la primera vez que se secó la laguna tuvo que migrar para sobrevivir. 

“Se nos acabó el agua allá, no teníamos trabajo y tuvimos que venirnos para acá a trabajar. Estábamos planeando irnos ahorita pero como se volvió a secar la laguna, sí nos aguantamos un ratito más.” explica, a través de una videollamada, mientras prepara sushi a toda prisa.

La laguna y la barranca de Metztitlán tienen una profunda conexión. Si no llueve en la barranca no escurre agua a la laguna. Y en la barranca tiene dos años que no llueve.

Mayra Pérez es habitante de El Pirú, una pequeña comunidad de agricultores que cada año pierden la cosecha a falta de lluvia. Hermilo Espitia, su esposo, emigró hace dos años a Iowa, en Estados Unidos.

“Pues él se fue más que nada por el clima que no ayudó a esta comunidad a sostener a la familia. Está ahorita en Iowa y allá está trabajando” apunta.

Hermilo sabe que la sequía se ha prolongado en la barranca y esa situación le preocupa por las condiciones en que está viviendo su esposa y su hija de apenas 2 años de edad.

“Ojalá que no empeore, sino al últimos vamos a tener que emigrar con todo y familias. Porque si sigue a ese extremo a fin de cuentas vamos a dejar el pueblo y va a quedar un pueblo fantasma”, dice, en videollamada.

En Metztitlán se padece una crisis climática que las autoridades no saben cómo enfrentar, asegura Juan Flores Acosta, presidente de la Cooperativa San Cristóbal y su Laguna Natural, una de las cinco agrupaciones de pescadores de la laguna.

“Han venido el secretario de Agricultura, vino la secretaria de Medio Ambiente, Conagua y toda la bola de representantes de las dependencias, pero ahora lo que falta es la respuesta. Nos dicen no podemos hacer nada, sino esperar, esperar a que llueva” señala Juan Flores, quien urge a las autoridades a hacer algo para evitar la migración climática.



Sequía en México
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“Nosotros estamos esperando el mejor momento para podernos ir”Corralero, Pinotepa Nacional, Oaxaca



Jair Toscano, de 19 años, nació para ser pescador. Como su hermano Omar, de 20. Y como su otro hermano, Víctor, el mayor de todos, de 27. Los tres viven en Corralero, una pequeña comunidad del municipio de Pinotepa Nacional, Oaxaca, pegada a la laguna Alopango. Su padre, Tomás, que ahora es policía local, fue quien les instruyó en cómo preparar la lancha, lanzar la red o encontrar los mejores lugares para capturar mojarras, pargos o róbalos. En los últimos años, sin embargo, cambios en el entorno hicieron que la pesca escaseara. Y la única oportunidad de supervivencia que consideran los jóvenes como Jair, Omar o Víctor es migrar a Estados Unidos.

“A veces que nosotros sacamos un kilo de pescado, a veces ni kilo, dos o tres pescados, nada más para comer, por eso mismo no hay nada. Así hasta uno quiere irse para trabajar allá en Estados Unidos”, dice Jair, resignado. 

Lleva más de dos años sin salir a pescar. Durante todo este tiempo la lancha familiar permaneció atracada en la playa. Sin apenas pescado en la laguna, la familia Toscano decidió desmontar la embarcación y guardar el motor en la casa, para evitar daños innecesarios. Se convirtieron en pescadores sin barca. 

Víctor, por ejemplo, pasó dos años en la Ciudad de México trabajando con una tía. Regresó y apenas logra empleos para sobrevivir. Ahora piensa en ir a Estados Unidos. 

En Corralero no hay familia que no tenga algunos de sus integrantes en el norte. 

“Cada vez hay menos gente. Están intentando irse a Estados Unidos, por lo mismo, porque necesitan dinero, necesitan el trabajo, tienen su familia, su propia familia y se complica. Aquí se complica porque a veces no hay para comer y andan rebuscando porque no encuentran, y eso es lo que hacen, irse al extranjero para tener una mejor vida. Nosotros estamos esperando el mejor momento para podernos ir”, dice. 

Este es otro tipo de desplazamiento. No son grandes masas que se mueven de un lugar a otro después de un grave desastre. Es una migración de hormigas, pero que tiene como causa el cambio climático. 

Corralero es uno de los municipios más golpeados por fenómenos como el incremento de la temperatura o la sequía. Análisis elaborados por N+Focus detectaron que desde 2019, en Pinotepa, su cabecera municipal, llovió un 30% menos que en su promedio histórico. En este período, el municipio sufrió más de 10 meses de sequía severa (categorizada como D2 según el monitor de sequía de la Conagua). Esto resulta relevante porque en años anteriores nunca se registraron cifras tan preocupantes. De hecho, en 2020 el promedio en relación al Índice de Severidad de Sequía de Palmer llegó a ser de -6, cuando los expertos indican que -4 ya es un grado preocupante. 

A pesar de que los datos son más graves que en Metztitlán, aquí no hay imágenes tan dramáticas. Aquí la laguna no se llegó a secar, hay agua. Aquí, sin embargo, se muere por dentro. 

Antes, la bocabarra que une el mar con la laguna se abría de forma natural, por efecto de la lluvia, según explica Máximo Mairena, antiguo pescador y actual agente del ayuntamiento de Corralero. La entrada de agua marina permitía que el sistema lagunar se saneara. Con el agua renovada también llegaban los pescados, que convertían la laguna en un lugar fértil. Sin embargo, la bocabarra comenzó a cerrarse progresivamente con la arena que se mueve por las corrientes marinas. Dejó de llover, con lo que el empuje desde la laguna no era suficiente para abrirse paso.

En los años 90 del siglo XX se abrió la bocabarra de forma artificial. Pero la progresiva sequía impidió que esta se mantuviese despejada.

Un estudio elaborado en 2010 por la empresa Procomar SA de CV para la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa) y la Conapesca advertía que de no realizarse una intervención, la tendencia de la bocabarra era hacia el cierre completo y el deterioro de todo el sistema lagunar. 

Pero ninguna autoridad hizo nada. 

Desde entonces la comunidad pide a las autoridades federales un dragado de la bocabarra para abrir el acceso al mar y que se termine una escollera que se prometió, pero que quedó inconclusa. Ya pasaron 13 años desde el primer estudio económico y la respuesta que reciben sigue siendo la misma: que no hay fondos. 

“Antes llovía todo el día, toda la noche. Ahora las lluvias perdieron el ciclo. Esto afecta muchísimo a los pescadores, porque la laguna no tiene oxigenación y ya no pueden pescar. Por falta de oxigenación, la larva ya no crece”, dice Yesenia Herrera, regidora de Medio Ambiente y Desarrollo Agropecuario en Pinotepa. 

Su radiografía de la situación: “todos los jóvenes, tanto hombres como mujeres, la solución para ellos es la emigración. Se van a Estados Unidos. Se quedan solas las casas, hay algunas casas que están cerradas, o que solo quedaron papá y mamá.  Esa es la emigración que se da por falta de agua, porque ya no hay pescado”. 

Omar y Víctor encontraron una alternativa mientras preparan su viaje a Estados Unidos: trabajar con el pescado que llega desde Chiapas, donde todavía no hay la escasez que sufren en Corralero. 

Aquí una de las paradojas del cambio climático: una comunidad pesquera en Oaxaca termina trabajando con el producto que llega desde Chiapas, a 800 kilómetros, porque en su laguna ya no hay peces. 

Cada semana, un camión sale desde el estado vecino y maneja durante más de 10 horas para traer los peces congelados hasta un puesto en la playa. Ahí se limpian y se distribuyen por las localidades cercanas.  

“Aquí en Corralero no hay lo suficiente. Nosotros necesitamos toneladas, no necesitamos kilos. Nos traen de siete, ocho, nueve toneladas. Aquí hay muy poco, solamente para comer. Antes había demasiado. La bocabarra estaba abierta, entraban peces nuevos, pero ahora no”, dice Omar. 

La huella de la migración puede verse en las casas vacías que recuerdan a los que ya se fueron. Pero alcanzar el norte tiene un costo. La tarifa de un pollero puede superar los 200 mil pesos. Otros buscan el procedimiento de asilo, pero el cambio climático no es motivo para ser reconocido como refugiado en Estados Unidos.

“He pensado en ir de mojado, pero es mucho dinero lo que pagas allá”, dice Omar. 

El 2 de abril de 2023, Jair, Omar y Víctor se sumaron a otras decenas de jóvenes que solicitaron una visa en Estados Unidos a través de un programa patrocinado por un diputado local. 

Sin lluvia y sin pescado en la laguna, cada vez son más las personas que huyen a Estados Unidos para dejar atrás la escasez. 



Lluvias en México
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“No hay terreno, todo se acabó. El mar ahora es el dueño”El Bosque, Centla, Tabasco



En medio de un frente frío, Elena Cardoza Carrillo, se apresura a rescatar de entre los escombros, de lo que fue la casa de su padre, lo que aún no se ha llevado el mar. Estamos en febrero de 2022 y la mujer carga lo que puede: láminas de acero, trozos de madera, muebles, trastes, aparatos eléctricos, ropa… todo quedó revuelto cuando la fuerza del mar impactó la casa.

"Desgraciadamente nos ha tocado ahora sí un golpe muy duro, porque no queda más que piedra sobre piedra de la vivienda. No hay terreno, todo se acabó. El mar ahora es el dueño" apunta Elena. 

Dice que, en medio del caos, tiene dos penas que le rompen el corazón.

La primera ocurrió el 31 de diciembre de 2021, cuando su padre Margarito Cardoza falleció a los 88 años de edad. La segunda tuvo lugar tres días después, cuando el mar destruyó su casa. 

"Quizás por eso el Señor lo levantó para que no viera lo que venía sobre su hogar, todo lo que trabajó por años" señala Elena, quien cree que su padre murió de tristeza, al ver cómo el agua amenazaba todo lo que construyó en vida. 

No en vano, él es uno de los fundadores de la comunidad, levantada hace 40 años por un grupo de pescadores procedentes de Alvarado, Veracruz. Aquel municipio, ubicado a 500 kilómetros al norte de El Bosque, también sufre las consecuencias de la erosión marina. 

"Lo que estamos viendo aquí en El Bosque tiene que ver con estas modificaciones en el sistema climático que están propiciando que los eventos le estén incrementando el impacto de erosión a este lado de la costa de Tabasco" asegura Lilia Gama, investigadora de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.

La doctora lleva 15 años estudiando las causas de la erosión en la costa tabasqueña. Remarca que el cambio climático está provocando que sean más poderosos los vientos de los nortes, junto con las fuertes mareas que los acompañan, lo cual está acelerando el proceso erosivo de la costa.

“Este es uno de los tipos de migración climática. Aquí el tema es que el mar se los va a llevar a todos” advierte.

En 2019 el mar comenzó a destruir las casas de El Bosque. De 83 viviendas que había originalmente sólo quedan en pie 33. De las primeras víctimas que perdieron su casa junto con su terreno fueron Rosa y Estanislada, hermanas de Elena. Después la hija de Estanislada, Estefanía. Luego su prima Ana Barbara y don Margarito Cardoza, el patriarca de los Cardoza Carrillo. En total, únicamente de la familia Cardoza Carrillo, el mar ya destruyó 10 casas.

El incremento del nivel del mar es otra de las caras del cambio climático. En México, sin embargo, es muy difícil de evaluar. Para observar cambios a largo plazo es necesario contar con datos de más de 30 años de antigüedad. Pero en este caso, las estaciones de la Secretaría de Marina no logran esta cobertura ya que las estaciones más antiguas solo llegan hasta 1999. Las estaciones del Servicio Mareográfico de la UNAM tienen más alcance temporal, hasta los años 50 del siglo XX, pero muchas limitaciones. Faltan datos por averías en los sensores, reubicación de las estaciones o por cuestiones de presupuesto.

Para el caso de El Bosque no es necesario un sensor: el agua está comiéndose las casas. 

Casi somos un “pueblo fantasma”, asegura Guadalupe Cobos. Ella llegó a vivir a El Bosque en 1986 cuando tenía 12 años de edad procedente de su natal Belén Grande, San Andrés Tuxtla, Veracruz. Dice que es tabasqueña porque llegó sin acta de nacimiento y fue registrada en Tabasco.

“Para ver el mar tenía que caminar unos 20 minutos mínimo y eso era cansado. Ahorita el mar me salgo aquí afuera y ya lo veo. Yo escuchaba cambio climático y decía: ay, pobrecitos los de México se van a hogar con el humo, tanto carro que hay, pero no me acordaba que a 20 minutos estaba el mar y que también el mar sufre las consecuencias de un cambio climático”, asegura.

Guadalupe explica que algunos vecinos que perdieron sus casas en El Bosque se fueron a rentar cuartos a comunidades cercanas como Victoria, Rubirosa y Frontera. Agrega que los que no tienen dinero para pagar una renta de mil pesos mensuales construyeron refugios en la misma colonia con los escombros de sus viviendas que derribó el mar.

En El Bosque, el avance del mar ha destruido además viviendas, escuelas, iglesias,  pozos de agua potable, calles y la infraestructura eléctrica según el recuento de Juan Manuel Orozco, Oficial de Proyectos de la ONG Conexiones Climáticas.

“La situación de la comunidad de El Bosque, es una situación de vulnerabilidad que afecta, violenta, digamos sus derechos fundamentales al agua, a la alimentación, a la vivienda digna, a la educación y a un medio ambiente sano” remarca Orozco. En su opinión, la crisis climática agudiza la pobreza de los que menos recursos tienen.

Los vecinos de El Bosque llevan 4 años solicitando la reubicación de la colonia. Fue hasta el 6 de febrero de 2023, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador dio instrucciones para atender la problemática.

Cinco semanas después, el 15 de marzo, Lluvia Salas, presidenta municipal de Centla, se reunió con los vecinos, quienes le manifestaron su desesperación porque el mar no se detiene y sigue destruyendo casas. A cambio Lluvia Salas les dio una respuesta que no esperaban escuchar: “El gobierno federal, el gobierno estatal, el gobierno municipal ya estamos trabajando en la organización para la reubicación, créanme que no les podemos dar una fecha. Si nosotros les decimos en diciembre ya están reubicados y si llega diciembre y no está, van a decir que somos unos mentirosos”.

A través de documentos que N+ Focus obtuvo, Salas solicitó el apoyo de la Presidencia de la República y el Gobierno de Tabasco para la donación de un predio destinado a la reubicación de la colonia El Bosque.

El predio de 4 mil metros cuadrados es propiedad del Gobierno Federal y se encuentra en la colonia Francisco Villa, en la cabecera municipal, a 12 kilómetros de El Bosque.

Salas propone que la nueva colonia de los desplazados climáticos se denomine “La Cuarta Transformación”.

"Sobre la reubicación, no dejan que piense uno positivamente sino que piense uno con inestabilidad, que unos dicen una cosa, otros dicen otra y que ya sí y que ya no y que hay que tener paciencia" afirma Elena Cardoza, angustiada ante el futuro incierto que tiene por delante. 



Temperaturas en México
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Metztitlán, Pinotepa o El Bosque son solo tres ejemplos de las migraciones climáticas. Pero no son los únicos. A lo largo de todo el país, miles de desplazados anónimos se ven obligados a dejar su casa porque la sequía o el exceso de precipitaciones o cualquier otra expresión del cambio climático le hacen imposible subsistir. Sin reconocimiento, México sufre un desplazamiento que las autoridades no quieren ver.  






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